miércoles, 9 de febrero de 2011

No todo lo que sienta mal al estómago tiene que ver con la alimentación

Escribí en una ocasión en Facebook:  La linea entre el respeto a otros y la posibilidad de ser uno mismo se llama "Elegancia". Y su contrario es la torpeza.
Esto es un escaparate público en cualquier caso;  todos nos ven y todos somos vistos.
Procuremos ser elegantes a la hora de mostarrnos; se agredece.”

Me refería a la elegancia o a la torpeza con la que se  dicen, se callan o se hacen ciertas cosas,  normas elementales de comportamiento no escritas  que condicionan las relaciones interpersonales.

La capacidad para observar primero e identificar después las emociones propias y ajenas , tiene que ver,  seguro, con la posibilidad de no ser elegante y meter la pata. Evidentemente también con asuntos de habilidades sociales, de inteligencia social, autocontrol emocional y como no, de estupidez.  Todo esto se relaciona con la posibilidad de ser torpe o elegante pero no es relación de causa–efecto.

La torpeza, como la estupidez, se da en todas las clases sociales, es independiente del coeficiente intelectual e incluso de la educación exquisita para quien la haya recibido, y va en aumento en generaciones relativamente jóvenes, porque creo que tiene también relación con las escalas de valores.

Las torpezas pueden darse por error, esto es;  hacer o decir algo que no es elegante (sin que necesariamente sea algo inconveniente), o por omisión: cuando callamos deliberadamente  o desistimos a la hora de hacer cualquier cosa con la uno  “quedaría muy bien”.

Este tipo de torpeza no es estado, es acción. No “se es torpe” sino que se hacen las cosas con torpeza o sin ninguna elegancia. No tiene que ver con  ser una persona borde o grosera, ni es ser una persona clara (cuidado con las personas que presumen de esto último, por cierto). El que es borde lo es, se le ve venir desde el principio. La torpeza es algo que no te esperas, es gratuita. Es algo que  queda mal, que estropea el momento. Una sutileza, como una nota desafinada en una sinfonía. 

Me cuesta sobremanera convivir con la torpeza y me deja estupefacto. No entiendo como no se dan clases de elegancia. Es como un golpe seco en el estómago tras el que me cuesta recuperar la respiración.
Puedo considerar a una persona fascinante, interesante, inteligente; pero si comete alguna torpeza, un “error de principiante”; entonces ¡Glubs! deja de parecerme fascinante y desciende a velocidad vertiginosa en mi hipotética y personal lista de “40 Principales”.
Y si una persona es poco inteligente pero es elegante, francamente,  es bastante probable que tenga muchas menos posibilidades de que alguien se de cuenta.

(Me toca disculparme porque seguro que en más de una ocasión me he mostrado torpe, poco o nada elegante)


Internet, páginas de redes sociales, webs personales, blogs, foros, correos electrónicos, chats...Nuestras posibilidades de mostrarnos, comunicarnos, relacionarnos con otros se han hecho infinitas. Y con esto, infinitas también las torpezas, que además quedan expuestas para siempre, imborrables.
La inmediatez de una respuesta, las prisas, el estar pensando en otra cosa, el egoísmo, la exaltación emocional, la osadía, la ignorancia y otras muchas serán variables que acentuarán nuestra falta de aptitudes para la observación, para el recuerdo (memoria), para la escucha y el raciocinio, aumentando la probabilidad de cometer una o mas torpezas.
Pongamos cuidado, seamos elegantes. No es tan difícil como pueda parecer. Los laboratorios que comercializan Omeoprazol y la Ranitidina, protectores estomacales, están haciendo su Agosto.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Torpe. La torpeza no nace, aparece. No se tiene, se adquiere. No se busca, se encuentra. Pasos desordenados en escalones sucios. Mentes frías como el metal, que desean derretir todo lo que les rodea, igual que una vez hicieron con ellos. Equivocaciones que no reaccionan, que no aprenden. Sentir que se puede tener todo lo que se quiere, por encima de todo y de todos. La torpeza no pasa desapercibida, porque sobre todo.. cuando te toca, la torpeza: duele.

Quizás.



[ Ale, estreno la entrada sobre la torpeza. Y a ver si aprendemos de tu siguiente generación... juumm. Love you, petarrrda. ]
María Cuñado Martínez. Es decir, tu hija.

Anónimo dijo...

Conversación en el parlamento Saiz de
Santamaría y Rubalcaba.

Cuando la escuchaba se me ocurría una respuesta inmediata: coger los
cientos de millones de euros de la trama Gürtel, dividirlos por el
salario mínimo de un español y averiguar el número de desempleados que
podíamos haber contratado en España si ustedes no hubieran
presuntamente robado".

gachumex dijo...

Me gustó tu blog, me lo recomendó mi hermano Curro. Me gustaria pegar algunas cosillas en mi página si no te molesta.
Logicamente mencionaré la fuente.

Saludos desde México

www.elperromorao.com