domingo, 1 de mayo de 2011

La buena gente

Los grillos no tenemos idea de las crisis económicas, ni de política, finanzas, empresas, ni de nada  que suene tan importante cuando se habla o se escribe. Esas palabras grandes, muy grandes.
Algunos grillos nos alojamos en las conciencias sin preguntarnos por qué estamos ahí, pero sabiendo que es imposible resolver los grandes problemas de la humanidad si no se es capaz de entender primero y resolver después las contradicciones humanas, la psicopatología de andar por casa.
Nos reuníamos unos grillos de los que viven en estas conciencias, alarmados por la forma en la que los cerebros humanos desvían la atención hacia esas grandes palabras y descuidan el significado y su correspondiente correlato comportamental de palabras pequeñas, poco importantes, palabras que casi siempre se dicen sin pensar demasiado en ellas, de esas de las que se habla en casa, en los bares, aunque no se tenga demasiada conciencia de lo que significan; sin miedo, sin pudor.
Reunidos los grillos, poníamos en común nuestras observaciones de la psique y el comportamiento humano, buscando la forma adecuada de llamar la atención de, lo que en su artículo Leopoldo Abadía llama, la “buena gente”. (“Reflexiones desde mi sofá”, entrada del 27 de Abril. El futuro y los padres)
Pero la “buena gente” esta muy ocupada en las grandes palabras e invierte demasiado tiempo en pensar, ordenar, resolver u opinar sobre la crisis, la política o la estructura piramidal de la sociedad y las relaciones laborales, en lugar de ocuparse de sus contradicciones, sesgos, trampas, justificaciones... En definitiva, de sus valores, de su conciencia o de su capacidad para emplear adecuadamente sus habilidades proporcionando beneficios a cuantos más; mejor.
Algunos humanos prefieren discutir sobre quien va a ganar  las próximas elecciones municipales en lugar de discutir sobre porqué pienso una cosa pero hago justo la contraria o porqué estoy justificando hoy lo que ayer me parecía injustificable, semilla en cerebros patológicos de invasiones y matanzas a gran escala.
Hay determinadas formas de pensar, de invertir en valores y/o de vivir, que los grillos, incluso los de las conciencias, no compartimos y que aunque entendemos porque conocemos los cerebros humanos; no podemos justificar. Y, sorpresa, estas  formas de pensar, de vivir o construir escalas de valores se dan en humanos cuyas necesidades básicas están más que cubiertas. “Buena gente” que no está en paro, gana bien, vive bien y está bien educada. Ya se sabe que el peligro está en la propia capacidad intelectual, cuanto más tengo y más soy; mas habilidad tengo para justificar las contradicciones.
Esas palabras tan grandes que ocupan grandes tiempos en los medios y en las conversaciones. Las conciencias de toda la buena gente que no quiere hablar, ni pensar, de su estupidez, sus contradicciones, sus justificaciones, sus errores, sus temores, sus emociones, sus mecanismos de defensa o sus barreras.
Sólo soy un grillo.

sábado, 30 de abril de 2011

¿Por qué hay personas inteligentes que hacen estupideces?

En mi habitual búsqueda para determinar las leyes que puedan frenar la propia estupidez, he dado con dos autores Feinberg y Tarrant, dedicados a la observación de grandes talentos, gente de éxito, que mandaron al traste sus carreras, sus empresas y/o sus vidas por permitir que su coeficiente de estupidez tomara protagonismo en un momento dado. Yo mismo tengo frecuente ocasión de comprobar como personas con inteligencia superior a la media comete solemnes estupideces sin que aparentemente y gracias al famoso fenómeno de la disonancia cognitiva, se pueda hacer algo por evitarlo. Desde luego, para hacer las estupideces que se narran en el libro uno tiene que ser muy inteligente.
¿Por que las personas más inteligentes no reciben ayuda con sus obsesiones autodestructivas antes de que sea demasiado tarde? Los hechos indican que estas personas inteligentes son las ultimas en recibir ayuda porque usan su cerebro para justificar que no la necesitan. Además las personas muy inteligentes alcanzan posiciones muy tentadoras y con muchas tentaciones, disfrutando del poder necesario para llevar a cabo sus impulsos, son lo bastante listas como para convencerse y convencer a todos de que acepten sus sugerencias y son capaces de construir hábiles racionalizaciones para justificar lo que hacen.

Si usted posee una inteligencia superior a la media la premisa del libro indica que puede correr un riesgo debido a la fortaleza de su equipo cognoscitivo. Este riesgo consiste en que en un momento crítico, su intelecto lo traicione y lo lleve a cometer un disparate devastador. El desastre puede adoptar varias formas: diciendo a haciendo algo que dañe una relación, arruinando una carrera o destruyendo un sueño. Su talento lo ha traicionado. Los riesgos aumentan con el C.I. y el estatus, cuanto más inteligente se sea y más se haya logrado, mayor es el riesgo.
Feinberg y Torrent describen el fenómeno como si de un virus se tratara y lo denominan Síndrome de Inteligencia Autodestructiva. Este virus es autogestado, utiliza el poder de la inteligencia para sabotear la inteligencia: a más inteligencia, mas virus.  Y es endémico en personas muy inteligentes. Uno de los factores más devastadores de este virus es la anulación de la lógica: ni uno mismo sabe porqué hizo lo que hizo. Los síntomas del Síndrome de Inteligencia Autodestructiva serían: la soberbia,  la arrogancia, el narcisismo y el deseo inconsciente de fracasar; esto es, los adictos al riesgo. Intentaré ir desvelando en sucesivas entradas lo concreto de todos estos conceptos y síntomas. Los autores argumentan que para atacar al  Síndrome de Inteligencia Autodestructiva se deberían tener técnicas que nos permitan:
Evaluar nuestra vulnerabilidad (debilidades)
Anticipar la forma en la que su inteligencia puede traicionarlo
Fomentar su inmunidad
Ayudar a recuperarse de una estupidez
Capacitarlo para ayudar a otros antes de q sea demasiado tarde

Un gran intelecto constituye una ventaja en la vida. La observación, la experiencia y la investigación así lo afirman. Esta es la parte buena. La mala es que puede ser saboteado por su propio intelecto. "En ciertas oportunidades las personas inteligentes cometen estupideces porque son traicio­nadas por su intelecto. Sea bondadoso con su inteligencia. Manténgala en forma y podrá confiar en ella, porque hará lo que usted necesite sin tenderle ninguna trampa. Cuando lo logre, ¡encontrará que ser in­teligente no tiene ninguna desventaja!".

¿Por qué hay personas inteligentes que comenten estupideces?
Mortimer Feinberg y John J. Tarrant
Ediciones Granica. Buenos Aires, Barcelona, México

domingo, 17 de abril de 2011

¿Realmente el hombre bajó del árbol?

Escucho estupefacta una vez más en fechas vacacionales, una noticia relacionada con hoteles rurales y vacaciones-aventura respecto al creciente auge y entusiasmo que suscita pasar unos días en plena naturaleza alojándote en un cabaña sobre un árbol.
Un “run-run” constante en mi cerebro desde la comida hasta después de la siesta me hace buscar en Internet. 1.480.000 resultados al respecto. Me cuesta creerlo.

“Cabañas en los árboles ofrece a los amantes de la naturaleza el gozo de entrar en contacto directo con el árbol y su ecosistema, de saborear los placeres de un exilio entre el follaje, y pernoctar en un nido situado en el entramado de las ramas de un majestuoso árbol.
Las cabañas, de 30 metros cuadrados de superficie, no tienen agua corriente. Ni electricidad, ni televisión. Pero hay algo aún mejor: no reciben cobertura para el teléfono móvil, ni WIFI para el ordenador portátil. Será muy difícil que alguien interrumpa esta experiencia única de conexión con la madre naturaleza, esta bucólica huida de la civilización. ¿El precio? Cien euros la noche para dos personas. Pueden alojarse hasta cuatro huéspedes en las cabañas, a las que se accede a través de una angosta, estimulante pasarela y una empinada escalera
, al estar colgadas en los árboles
 Cualquier persona en condiciones físicas normales puede acceder a las cabañas. La restricción para menores es de 10 años.
En cada cabaña se dispone de linternas y velas así como agua y lavamanos. El WC es biodegradable y se recicla en forma de compostaje.
El desayuno se sirve en las cabañas en una cesta. (...)”


Releo el texto varias veces, no sé por dónde empezar...

“Gozo directo de entrar en contacto con el árbol y su ecosistema” .Esto debe ser el  bosque. Osea, que hay gente que paga 100e por el gozo de entrar en contacto con un árbol y el bosque; que es siempre gratis. Y no se trata de niños precisamente. A mi me gusta la naturaleza, dormir o leer bajo un buen árbol, en el monte. Con un buen bocadillo y una botella de agua fresca. Ya sé que son sólo palabras pero yo precisamente con un árbol... no, no gozo.

“Saborear los placeres de un exilio entre el follaje”. Poético es, la verdad. Y tremendamente absurdo también. Se saborean los sabores y supongo que no se referirá precisamente a comer hierba; por lo del follaje. Además me parece una osadía utilizar el término  “follaje” conociendo la mente calenturienta y simple de los españoles en general. Mas de la  mitad de la población estará pensando en“echar un polvo en el campo”; que no tiene nada de romántico sino de “aquí te pillo, aquí te mato”. Con lo que nos ha costado atrevernos a follar con la luz encendida!

“pernoctar en un nido”. Venga, 100e por pernoctar en un nido. Directamente nos están llamando idiotas y debe haber muchos. Creo que esta gente se leyó primero toda la literatura sobre el auge de la estupidez y que tras una pequeña inversión en construir tales cabañas, se están forrando. Ahora lleguen a casa y le dicen a su pareja si les gustaría “pernoctar en un nido saboreando los placeres de un exilio entre el follaje”. y me cuentan.

Las cabañas no tienen electricidad ni agua corriente y algo mejor, con hay conexión wifi. ¿Cómo nadie puede pensar que es mejor la conexión wifi que el agua corriente o la electricidad?
Asegurarse de ir con alguien con quien no se tenga ni el más mínimo problema, ni de comunicación ni, por supuesto intestinal o de colón. Es decir, con tu perro, por ejemplo. Hay baño, eso sí, lo cual no entiendo. ¿No era el placer de un exilio entre el follaje? ¡Pues a cagar al follaje! Eso sí que sería una experiencia de conexión única con la naturaleza, un buen retortijón sobre la cabaña y vuelta again a la “angosta, estimulante pasarela y una empinada escalera, al estar colgadas en los árboles”. Para unas prisas estamos...

“Será muy difícil que alguien interrumpa esta experiencia única de conexión con la madre naturaleza”. Desde luego, te recuerdo que te has ido con el perro incapaz de convencer a nadie “normal” de compartir contigo semejante experiencia.

“Pueden alojarse hasta cuatro huéspedes en las cabañas” Lo que faltaba, restringir la jarra de agua del lavamanos,  las velas y el uso de la linterna. Cola  mañanera en el bater biodegradable, cola en la “angosta, estimulante pasarela y una empinada escalera”, peleas por la cesta del desayuno. ¿Pero no te habías ido con el perro?

Cualquier persona en condiciones físicas normales puede acceder a las cabañas. Ya...pero... ¿Y psíquicas? ¿Y si el de la cabaña de al lado aulla por la noche?

Lo de que “se recicla en forma de compostaje” se lo podían haber ahorrado. Es información gratuita que nadie ha pedido, nadie en su sano juicio pregunta lo que se hace con su... Eso.

“El desayuno se sirve en las cabañas en una cesta” Que detalle! No especifica si frío, caliente o crudo...

En fín, bajamos del árbol hace 3,2 millones de años y ahora parece que volvemos a subir. Si verdaderamente desea estar en contacto con la naturaleza, salga al monte. Dormir en un saco bajo el cielo, apagar el móvil, echar un polvo en el campo, beber agua de un río, es todo gratis. Hasta pasearse en pelotas y aullar a la luna. Claro que por esto último pueden detenerles y por construir cabañas en los árboles sin agua ni luz, llamarlas “hotel rural” y cobrarnos unos cuantos euros; todavía no.

domingo, 10 de abril de 2011

Pienso luego existo...estupidamente

Descubro aliviado que hay bastantes mas ensayistas, estudiosos y defensores de las teorías de la estupidez de lo que pensaba y que sus escritos por fin han dejado de estar en las estanterías dedicadas a los libros humorísticos.
Además, veo algo sorprendido, que no sólo describen el fenómeno sino que centran sus esfuerzos en elaborar teorías y métodos que nos ayuden a controlar ese coeficiente de estupidez que viene de regalo junto con nuestra inteligencia. ¡Bingo!
Llevo tiempo dándole vueltas a primera ley contra la propia estupidez (es importante insistir en que no se puede hacer nada con la ajena excepto “tragarla en pequeñas dosis homeopáticas”), atascado en aclarar el concepto “pensar”; pensar de forma que el resultado final sea que todos ganan y nadie pierde. Utilizar las capacidades intelectuales para sumar y no para restar.
El éxito de la inteligencia es saber dirigir “bien” nuestro comportamiento y para ello es imprescindible ajustarse a la realidad. La realidad es subjetiva. Esta es la primera dificultad.
Incluso haciendo esfuerzos para situarnos en el lugar del otro u otros, nuestra capacidad de observación e interpretación de los hechos está llena de sesgos, de sesgos cognitivos; algunos de los cuales son verdaderos fracasos cognitivos. Segunda dificultad y sigo.
En determinados momentos vitales hasta la inteligencia más dotada tiende a volverse subversiva. Piense en algo que haya hecho o dicho y que sea una estupidez, una verdadera estupidez. La parte racional de su mente le decía “No lo hagas!”, pero usted lo hizo de todos modos. Su desastroso impulso ha adquirido el suficiente poder como para superar sus funciones lógicas. Las emociones son principal causa del fracaso de nuestra inteligencia, nos vuelven irracionales cuando se adueñan no sólo del corazón, sino de toda la mente humana. Tercera dificultad para pensar en el sentido correcto.
Uno de los aspectos más importantes que nos impide “pararnos a pensar”tiene que ver con el concepto “beneficio”.  Aplicar inteligencia significa obtener beneficios para todos. Muchos humanos obtienen importantes beneficios por vivir y relacionarse como lo hacen. Si la inteligencia bien empleada es la que aporta beneficio, pueden considerarse seres inteligentes. Pues no. Los costes-beneficios no se miden en un solo sentido, en el propio. Por definición, la estupidez no solo no genera beneficio alguno a nadie sino que causa perjuicios a todos por doquier. Obtener beneficios causando  un alto coste familiar, de pareja o comunitario y generar daño, quebraderos de cabeza, problemas y demás males de andar por casa, no es precisamente un modo de actuar inteligente. Cuarta dificultad.
Esto último enlaza con el significado de las palabras. Vivimos con y entre palabras, somos palabras, nuestros pensamientos y emociones son palabras. Nos comunicamos con palabras. Tengo la desagradable sensación de que en muchas, muchas ocasiones, las palabras se convierten en el arma de destrucción doméstica y masiva. Vamos por la quinta.

Capacidad de observación, manejo de sesgos cognitivos, control emocional, utilización correcta del lenguaje, comunicación adecuada... No me extraña que la estupidez reine en los cerebros y comportamientos humanos. No me extraña que hace tiempo me retirara del mundanal ruido instalándome placidamente en mi voluntario aislamiento social. Sigo en ello.

domingo, 3 de abril de 2011

Fantasias animadas de ayer y hoy presentan:

Primero de todo, disculpas a mis 11 seguidores porque debería estar escribiendo sobre algo inteligente, pero no he tenido tiempo. Esto va de corrido, sin pararme a pensar, así que es bastante probable que sea una estupidez. Con ello espero responder al segundo comentario de mi última entrada...
Estaba pensando en cómo imaginaba mi “madurez” cuando era joven y responsable con dedicación exclusiva. Estar “en la mitad o más” de la vida, en el momento en el que empieza la cuenta atrás, como cuando te vas a ir de vacaciones y vas tachando los días que te quedan, disfrutando con placidez de las cosas, con tiempo, sin exaltaciones... Suponía que disfrutaría de estabilidad y cordura, tiempo para hacer lo que me diera la gana e independencia para no tener que dar explicaciones a nadie. Más o menos y resumiendo. Entonces descubro que las cosas no son “exactamente” tal y como esperaba.

Entre las clases de Yoga o Pilates, Chucún, Taichi o cualquier otro arte que  permite cultivar cuerpo y mente, esas clases que tanto anhelaba cuando no podía ir. Entre las de Chino, el Taller de Escritura o el Arte del Cultivo Ecológico en la terraza, cursos absurdos que realmente no sirven ya de mucho pero que siempre quise hacer; apenas tengo tardes libres.
Como además, por la misma “madurez”, la ley de la gravedad y el proceso de oxidación, necesito tirar de fisioterapeuta, esteticién y/o masajista; el número de tardes libres se reduce a la mínima expresión. No sé como lo harán los que además van al podólogo o al dentista, por poner un par de ejemplos.

No debí contemplar cuando soñaba con tener tiempo, que a medida que yo cumplía años, lo harían también los demás. Tengo un perro viejo y maniático que depende completamente de mi, una abuela todavía lo suficientemente joven como para apuntarse a todas las actividades propias de su edad, a las que intenta que yo vaya o bien desaparece de casa justo cuando más falta hace que se quede. Tener hijos mayores y criados no es ni mucho menos la ventaja que suponía cuando eran pequeños. Entonces los acostaba a las 21:00 y las noches eran todas mías! (que noches aquellas...). Ahora, en plena adolescencia, me toca predicar con el ejemplo y vigilar- tiene que parecer que no estás pero debes estar- que llegan en condiciones aceptables a casa. Esto es lo mínimo, porque es altamente probable que entre sus novios/as, amigos y amigas, los miembros de la unidad familiar por baño de la casa se duplique o se triplique. Entre semana y los fines de semana. Y si pensé que no tendría que dar explicaciones, estaba muy pero que muy equivocado.
No eres joven ni eres viejo, que es lo que es el resto de la familia propia y de origen. Eso te convierte en el comodín perfecto para todos y para casi todo. Van a pedirte que te quedes con sobrinos, perros, tortugas, cobayas, abuelas, tías-abuelas... Te pedirán que recojas a los pequeños, que pidas citas médicas varias, que acompañes a quien sea a donde sea, que recojas lo que sea de donde sea. Y como puedes faltar a Yoga, Pilates, Talleres varios y demás actividades, tienes hijos mayores y tienes “tiempo”; lo harás. Se fastidió la única tarde libre que quedaba entre semana o la mañana que libro porque tengo guardia de tarde y/o la tarde-noche de un día cualquiera de un fin de semana al mes (o dos).

Tengo también que seguir manteniendo amistades, por fin tengo tiempo para esto. No contaba con sufrir el virus de la insociabilidad tras semanas laborables agotadoras, mis amigos se quejan; así que mis fines de semana están repletos de café-tertulia, comidas, cenas o aperitivos. Cines, teatros, eventos culturales y “raros”o excursiones imposibles. Estoy deseando que llegue el Lunes para poder volver al trabajo, que al menos eso ya lo tengo dominado.

Y de sexo ni hablamos. Con lo bonito que queda en las películas la frase “¿En tu casa o en la mía?”. Pues ni en tu casa ni en la suya. ¿Cuándo? Por Selección Natural, lo más probable será que el otro/a esté separado y con niños. Que no viva con sus padres, será complicado. Quizá puedas tener cierta intimidad el fin de semana (entre semana imposible...) que a él/ella no le tocan niños (¿Sexo sólo dos fines de semana al mes?) y entonces llega la parte en la que soñaste con no tener que dar explicaciones a nadie y te descubres ideando algo que realmente cuele y no levante sospechas al resto (hijos fundamentalmente) respecto a por qué no vas a dormir a casa una o dos noches (Explicar por qué no me parece oportuno contar que “sales con alguien” en casa forma parte de la fantasía de no tener que dar explicaciones a nadie) .Cualquier otra posibilidad de emparejamiento por edad o situación vital  sería encaje de bolillos.

Llueve y he ido a la peluquería (será una futura entrada de blog seguro), voy a ver si me suicido... Buena semana a todos/as.


domingo, 20 de marzo de 2011

El juego de la Oca o la primera ley fundamental contra la propia estupidez

La diferencia entre el mapa genético de un simio y de un humano es de un insignificante1%. Desde que salió a la luz esta noticia no hago más pensar que la diferencia entre seres humanos inteligentes y seres idiotas integrales es absolutamente inapreciable... Cualquiera puede ser fundamentalmente estúpido sin que ni él ni los demás puedan darse cuenta de la diferencia, una razón más que sustenta el espectacular avance de este destructivo fenómeno.
Al margen del coeficiente intelectual o las capacidades intelectuales que todos tenemos en mayor o menor medida, la inteligencia adecuadamente empleada, en la cantidad que la naturaleza nos otorgue, ha de traducirse en beneficios. Los seres humanos con inteligencia muy alta aportan beneficios a la humanidad entera. Los demás hemos de conformarnos quizá con no causar grandes destrozos en las vidas ajenas y en la propia.

No parece posible que podamos hacer nada frente a la estupidez de los demás pero ¿Podemos hacer algo con la propia?

Para utilizar inteligentemente nuestras capacidades y mantener a raya nuestro coeficiente de estupidez, hay que “pararse a pensar” (leyes fundamentales contra la estupidez. Creación original!). Y por este orden.
Esto que así dicho puede parecer una obviedad, es extremadamente difícil y costoso dados los tiempos que corren; lo que además explica por qué gran parte de los gigantescos sistemas y mecanismos sociales siguen funcionando: es imposible detenerlos por muy mal que funcionen.
Nuestra vida moderna no está diseñada para tener tiempo de “parar”, menos de “pararnos a pensar”. Funcionamos deprisa, a toda máquina. Y si en algún momento “paramos”, desde luego no es para pensar sino más bien para todo lo contrario.
Hemos desarrollado sutiles mecanismos que idiotizan impidiendo el uso inteligente de nuestras limitadas capacidades. En algunos de ellos confluye un número ingente de seres humanos, que se imitan unos a otros (gesticulan, gritan, repiten consignas al unísono...) y donde se contagian emociones fácilmente.
También hemos desarrollado otra cantidad considerable de sustancias que tienen el efecto o bien de impedirnos parar, o de idiotizarnos todavía más. Nos hacen seguir y seguir, seguir funcionando con total estupidez, sin que nadie, ni nosotros mismos obtengamos beneficio alguno con nuestra forma de funcionamiento. La mayoría de ellas se comercializan, muchas se recetan sin pudor y otras tantas están presentes en prácticamente todas nuestras reuniones sociales.
Los medios de comunicación, las grandes empresas de la información, la publicidad o el marketing no parecen colaborar en el acto de “pararse a pensar”, más bien contribuyen a la manipulación y a la confusión cerebral, atascando tuberías neuronales. Si algo sucede a toda velocidad en el siglo XXI, es precisamente la transmisión de información; es un bombardeo tal que impide detenerse y reflexionar.
Francamente, me resulta complicado creer que vamos a resolver los grandes males de la humanidad si ni siquiera somos capaces de resolver inteligentemente nuestros problemas individuales de intendencia doméstica.

La filosofía asiática que creo es bastante sabia y hábil a la hora de parase a pensar dice: “Si algo en tu camino sale mal, detente y retrocede  al punto de partida”. Ya en la mayoría de nuestros juegos infantiles, un error significa “X turnos sin jugar”, “X casillas de retroceso” o la vuelta a la casilla de inicio. ¿Acaso lo hemos olvidado?
Primera ley fundamental para frenar nuestra propia estupidez: ¡Para!

domingo, 6 de marzo de 2011

Necesito una ayudita, una palabra que me pueda convencer...

Definitivamente las teorías sobre el Apego infantil hacia sus cuidadores parecen explicar  gran parte del comportamiento adulto y fundamentalmente del comportamiento manifiesto y predictivo de las parejas, horno en el que se cuece la supervivencia de la especie humana, de ahí su trascendencia. La hipótesis central de la teoría del apego es que las relaciones tempranas entre padres e hijos son los prototipos de las relaciones amorosas de la adultez.
(Hay interesantísimos artículos sobre el Apego infantil y  adulto que recomiendo. Intentaré abrir vínculos para el que tenga interés)

El siglo XXI y los que le siguen, se van a caracterizar por la incorporación de la mujer no sólo al mundo laboral sino al mundo masculino en general (política, investigación, dirección, arte, gobierno...) y por un aumento considerable de  la esperanza de vida humana.

A medida que las desigualdades de género se reducen y se alarga la esperanza de vida, algunos de los modelos de apego generados con anterioridad probablemente sean ineficaces. Los modelos actuales han producido y están produciendo graves patologías afectivas, descenso de la natalidad en Países desarrollados o crisis en sistemas familiares y de pareja, por mencionar sólo algunos desastres. ¡Al borde de la extinción!

Repasen lo que le une a su pareja, ese será el modelo que transmitan a sus hijos y que aprendieron de sus padres o cuidadores y deduzcan si a ellos les servirá en el futuro

Con esta perspectiva y el hecho indiscutible de que los modelos de pareja y familia están cambiando; volvemos al siglo IV antes de Cristo donde los géneros tenían igual peso a la hora de criar y educar a su prole. El término es “matrimonio simétrico”.
Este modelo de matrimonio tiene además un reto que superar, el de permanecer unido muchos más años que en el siglo IV.
Las conclusiones parecen demoledoras, el pegamento que permitirá mantener unidas a las parejas del siglo XXI, igualitarias y equilibradas para procrear y cuidar de su hijos juntos facilitando un estilo de apego seguro a los niños que no genere patologías psiquiátricas es “esa cosa llamada amor” . Volvemos al Romanticismo.

Tras décadas de énfasis en los procesos cerebrales relacionados con el pensamiento, se avecinan próximas de estudios, trabajos, investigaciones y  terapias que van a tener su centro en los procesos cerebrales relacionados con lo emocional. En este caso volvemos, no al siglo IV antes de Cristo, sino a la prehistoria. El “amor” se produce es el núcleo caudado, localizado en el cerebro reptil, el más primitivo de todos. Evolucionó por lo menos 56 millones de años antes de que los mamíferos proliferaran en la Tierra y desde allí se controlan los instintos animales. Los mecanismos químicos cerebrales  del amor se parecen sospechosamente a los de las drogas; es uno de los sistemas cerebrales más poderosos de la tierra.
Parece que la naturaleza ha elegido un mecanismo evolutivamente primitivo, para asegurar la perpetuación de la especie, no se si por elección o por descarte; porque no encontró forma ni mecanismo inteligente alguno que asegurara esa función. Una probable hipótesis puede que tenga que ver con que las emociones no pueden fingirse (a excepción de los psicópatas) ¿Estamos evolucionando o involucionando?

Los defensores de la razón, dela inteligencia que beneficia a todos, del uso de la parte evolucionada del cerebro, sostienen que existe una relación entre la intensidad emocional (si el amor no es intensidad emocional cierro el blog) y la probabilidad de actuar con estupidez, esto es, de producir daño a otro sin obtener beneficio alguno.

He estado tentado a escribir a Olivero Ponte (“El que no lea este libro es un imbécil”) para preguntarle por “los indudables beneficios del amor” que da por evidentes en su genial libro, pero para él parecían tan claros que pensé que el hecho de que yo tuviera razonables dudas sería considerado una soberana estupidez por su parte; así que nunca lo hice. No he dejado en todo este tiempo de hacerme la misma pregunta (¿Beneficios del amor?) sin hallar respuesta convincente. Espero que por “beneficio” no se refiriera a la propagación mundial y estratosférica de la especie humana, me decepcionaría de un hombre que cree que la estupidez se está propagando a pasos agigantados, sería un desastre para la galaxia (para el planeta ya lo está siendo).

Las sustancias químicas liberadas en el cerebro cuando nuestras emociones son intensas inhiben los procesos cerebrales de la corteza frontal, impidiendo el raciocinio. Detener un proceso inhibitorio es mucho mas complicado que activar un proceso cualquiera, requiere utilizar estructuras evolucionadas. El amor crea y une, si, pero también destruye.

Hagamos un experimento simple. Imaginen que alguien les atrae y que tras varios encuentros, su “pareja sexual eventual”, les susurra al oído: “me gustas”. Esto generará respuestas emocionales difíciles de controlar que terminaran seguramente en un polvo. Pero imaginen que lo que les susurra es: “te amo”. Las respuestas emocionales colapsaran el cerebro y el organismo entero.  Las mayoría de los humanos saldrán corriendo y no volverán a quedar con esta pareja jamás. Otros, este grupo será mucho más pequeño, contestarán “yo también”. Y seguramente se arrepentirán unos años más tarde generando daño por doquier.¿Cuántos creen serán capaces de racionalizar esa frase, detener el colapso, analizar la situación, el momento, entender  y poner, sin mayores problemas, las cosas en su sitio sin descolocarse?

La razón de la presente entrada, que aviso; contiene alguna “trampa” para no hacerla demasiado densa, es preguntarme por qué la naturaleza ha seleccionado para asegurar la supervivencia de los seres humanos un sistema cerebral primitivo, poderoso y peligroso (cualquier comportamiento con consecuencias tremendamente positivas y tremendamente negativas se considera peligroso) en lugar de otro mas evolucionado. ¿Es que no hay otro más evolucionado? ¿ ¿La naturaleza se ha rendido a la estupidez? ¿Qué está pasando?
Y fundamentalmente ¿Podemos todavía hacer algo para contrarrestar esta tendencia y seguir evolucionando? ¿Podemos hacer un “uso controlado” del amor sin generar dependencias?¿Es imposible racionalizar el amor?